Conocer a alguien especial no está reñido ni con la edad ni con el lugar del encuentro… o tal vez sí. Y sino que se lo digan a la pareja de centenarios que se casaron hace unos días en Ohio tras conocerse en la residencia de ancianos donde vivían. “Fue amor a primer vista”, declaraba él, mientras ella recalcaba que había sido una “decisión muy meditada y que les llenaba de felicidad”. Sin embargo, poco ha trascendido sobre si llegaron tener sexo en la noche de bodas, un tema que aún se considera tabú, especialmente en el caso de los mayores, dificultado además por el hecho de que ambos viven en una residencia.

Falta de intimidad

“Por desgracia, en términos generales no son muchos los espacios para la intimidad en una residencia donde las habitaciones son compartidas y se priorizan las tareas de cuidado sobre las socio-afectivas. A eso se suman las barreras que ponen los profesionales, otros residentes y sobre todo, los familiares para que la relación no fructifere“, explica la Feliciano Villar, psicólogo experto en envejecimiento, quien reivindica que la la sexualidad es una dimensión del ser humano que nos acompaña durante toda nuestra vida. Eso no significa que no sea una práctica relativamente frecuente en las residencias. De hecho, Villar señala que es raro que un profesional con experiencia no se haya encontrado con residentes besándose en los pasillos o pasando largo tiempo encerrados en la habitación o en el baño.

Varios estudios han demostrado que el mantenimiento de la actividad sexual en la vejez contribuye a la salud y calidad de vida de los mayoresincluidas la la Organización Mundial de la Salud (@WHO) que entiende por salud sexual “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad” y no es sólo la ausencia de enfermedades o disfunciones. De ahí que los expertos reivindiquen un acercamiento positivo, respetuoso y sin prejuicios hacia la sexualidad de todas las personas en todas las etapas de la vida, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación y violencia.

Diferentes personas, diferentes tipos de sexualidad

Dentro de la diversidad de cada persona, una característica que define a la sexualidad de los mayores de 65 años es una mayor sensualidad y erotismo asociado a la vinculación, a la necesidad de afecto como muestra de menor necesidad sexual, pero mayor vinculación amorosa. Es decir, más besos y caricias en detrimento de la penetración. “Frecuentemente las parejas de más de 70 años disminuyen la frecuencia sexual, adaptan sus encuentros, no se centran sólo en el coito, y ello supone que disminuyen su frecuencia e intensidad; pero no su nivel de satisfacción”, explica la sexóloga ZoraidaGranados. Pero según recalca, todo depende de cada persona, de su educación, lugar de nacimiento, o su bagaje afectivo y sexual previo, así como su nivel de competencia y autonomía. Y recuerda que la expresión sexual variará en las personas con más problemas de salud o polimedicadas.

Otro elemento cultural que probablemente influya en este tipo de relaciones es el entorno social y cultural que haya tenido las personas que hoy superan los 70-80 años. “En el caso español, al menos, pertenecen a una generación que tuvo una educación sexual deficiente o inexistente, y crecieron en un entorno social con gran influencia de la Iglesia católica, que en aquel momento explícitamente consideraba el sexo con finalidad no reproductiva, el sexo fuera del matrimonio, o las relaciones homosexuales como un pecado. Es probable que esto cambie enormemente en los próximos años, cuando se incorporen nuevas generaciones con menos restricciones morales”, aclara Feliciano Villar.

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El papel de los familiares

La oposición por parte de la familia es la barrera más común a la hora de interceder en este tipo de situaciones, acompañada por la complicidad de los profesionales de las residencias. “A todos nos cuesta pensar en nuestros padres mayores como seres sexuales, con necesidades en este ámbito. En el caso de los hijos con padres o madres ingresados en residencias, se suma una tendencia a la sobreprotección o a considerar que uno tiene que tener voz en la vida de su familiar, incluidos aquellos aspectos más íntimos”, explica Villar.

Esta situación se ve agravada por la actitud de algunos profesionales en residencias, para quienes su verdadero cliente es la familia, no la persona mayor. Por ello, tratan de “tener contentos” a los familiares, accediendo a veces a este control excesivo de la vida del residente como un medio de evitar problemas. “Esto supone no considerar a los mayores como verdaderos adultos e incluso violar sus derechos”, denuncia el psicólogo experto en Gerontología.

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