Una parte importante de la estrategia que ha convertido a Chile en una potencia exportadora y que apalancó su visible salto en materia de crecimiento desde los ’90 en adelante fue la suscripción de acuerdos de libre comercio. Porque luego de la rebaja unilateral de aranceles, progresivamente nuestro país comenzó a fortalecer su posición exportadora firmando tratados comerciales con los principales socios económicos.

Los beneficios económicos y sociales de este camino exportador han sido tan evidentes que parecían ser compartidos por todos. Incluso un gobierno del ala más bien progresista -como fue la administración de la Nueva Mayoría- estuvo dispuesto a seguir profundizando las relaciones comerciales al negociar el Tratado de Asociación Transpacífico (o TPP-11 luego del retiro de Estados Unidos), gestión liderada por el entonces canciller Heraldo Muñoz, actual presidente del PPD. Este acuerdo, que ha sido firmado por 11 naciones con acceso soberano al Pacífico y abarca el 13,5% del PIB mundial, además de contener una rebaja de aranceles entre los firmantes, avanza en materias de propiedad intelectual y establece nuevos estándares laborales y medioambientales. De ser aprobado por todos sus miembros se convertirá en el tercer bloque comercial de mayor envergadura a nivel global.

Es por esta razón que llaman poderosamente la atención las discrepancias que surgieron en su paso por la Cámara de Diputados. Pese a su aprobación (77 votos a favor, 68 en contra y 2 abstenciones), fue una verdadera sorpresa que diputados del PPD -del mismo partido que su promotor original- le dieran la espalda al acuerdo, manifestando su abierta oposición y sumándose a grupos más radicalizados.

Con consignas que parecieran sacadas de los años ‘60, los parlamentarios intentaron justificar su rechazo aludiendo a eventuales pérdidas de empleo en el sector agrícola, aumentos en los precios de los medicamentos y una posible pérdida de soberanía de los tribunales locales.

Una economía pequeña y abierta como la nuestra no puede aspirar a mantener elevados niveles de crecimiento sin profundizar su estrategia exportadora. La suscripción de estos acuerdos, además de abrir valiosos mercados para nuestros productos y potenciar la capacidad productiva local, eleva nuestros estándares y desafía al país para ir alcanzando progresivamente un perfil de economía desarrollada.
En un ambiente cada vez más turbulento en materia comercial, la mejor garantía para nuestro crecimiento futuro es avanzar en acuerdos de cooperación multilaterales. Es preocupante que algunos parlamentarios, con el propósito de propinarle una derrota política al gobierno, pasen por alto los beneficios de estos tratados, y justifiquen su rechazo levantando eslóganes anacrónicos. Lo paradójico en este episodio es que, finalmente, el proyecto fue aprobado ayer por unanimidad en la comisión respectiva del Senado- y la verdadera derrota política terminó afectando a las dos figuras mejor posicionadas de la centroizquierda.

/Editorial del diario La Tercera

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