El pasado 28 de abril, y por primera vez desde que fueran descubiertos en 2007, los científicos lograron detectar un estallido rápido de radio (FRB por sus siglas en inglés), dentro de nuestra propia galaxia y no a cientos o miles de millones de años luz de distancia, como sucedía con todos los anteriores.

La potente emisión de radio, que apenas duró unos milisegundos, parecía venir de un magnetar, un extraño tipo de cadáver estelar, llamado SGR 1935 + 2154. El estallido, detectado por varios radiotelescopios de todo el mundo, fue tan poderoso que los instrumentos ni siquiera consiguieron medir su intensidad. La señal, según los investigadores, fue por lo menos un millón de veces más fuerte que el resto de los FRBs detectados hasta el momento, y la primera detectada dentro de la Vía Láctea.
Ahora, y tras largos meses de análisis, un nuevo estudio recién publicado en The Astrophysical Journal Letters confirma que el FRB procede, efectivamente, del magnetar SGR 1935 + 2154, un “cadáver estelar” que se encuentra a unos 30.000 años luz, dentro de nuestra propia galaxia.

Los magnetares son un tipo de estrella de neutrones de lo más extraño. Una estrella de neutrones está formada por los restos increíblemente densos que quedan después de que una estrella muy masiva se convierta en supernova. Restos tan comprimidos que, a pesar de que contienen la mayor parte de la masa de una estrella que tuvo un diámetro de cientos de miles (o incluso de millones) de km, apenas ocupan el espacio de una ciudad pequeña. Pero los magnetares, y de ahí su nombre, poseen campos magnéticos que son hasta 1.000 veces más potentes que los de una estrella de neutrones convencional. Algo que aún no se comprende bien, pero que desde luego tiene interesantes efectos en el comportamiento de la estrella misma.

A medida que la fuerza de la gravedad intenta comprimir aún más lo que queda de la estrella, en efecto, una poderosa fuerza interna, su campo magnético, empuja en dirección contraria, y lo hace con tanta fuerza que consigue distorsionar incluso la forma de la propia estrella. La continua tensión entre ambas fuerzas produce ocasionalmente enormes terremotos estelares y gigantescos destellos en el magnetar. Entre ellos, estallidos rápidos de radio.

El misterio de los FRB

Entre todas las emisiones que recibimos de “ahí fuera”, los FRB son sin duda las más misteriosas e impresionantes. De hecho, se trata de las señales más escurridizas y potentes jamás detectadas en el espacio, y aunque duran apenas unos pocos milisegundos pueden generar, en ese breve tiempo, la misma cantidad de energía que cientos de millones de soles. Hasta ahora, nadie ha logrado averiguar qué clase de sucesos podría ser capaz de producir ondas de radio de tan extraordinaria intensidad, lo que ha llevado incluso a especular con la posibilidad de que se trate de señales emitidas por alguna lejana civilización extraterrestre.

La primera vez que se supo de su existencia fue en el año 2007, y desde entonces astrónomos de todo el mundo han tratado de «cazar» esos brillantes e inesperados destellos en el firmamento. Se trata, por supuesto, de una cuestión de suerte, ya que los FRBs son imposibles de predecir y la única forma de detectarlos es que los instrumentos estén observando continuamente, con la esperanza de que uno de esos breves destellos se produzca dentro de su radio de acción.

Hasta ahora, todos los FRB conocidos se habían originado en galaxias lejanas, a cientos o miles de millones de años luz de distancia de la Tierra. Pero este FRB es diferente, porque procede de una estrella de neutrones conocida “de aquí al lado”, a sólo unos 30.000 años luz de distancia, en la constelación Vulpécula. De ahí la extraordinaria potencia del estallido. Si se hubiera producido en una galaxia lejana, habrá sido visto como un FRB convencional. Su proximidad es, por lo tanto, lo que ha permitido, por primera vez, confirmar que los magnetares son, casi con toda certeza, los responsables de por lo menos una parte de los muchos y misteriosos FRBs que se detectan por todo el Universo.

“Nunca antes -explica en un comunicado Sandro Mereghetti, del Instituto Nacional de Astrofísica en Milán y primer firmante del artículo- habíamos visto un estallido de ondas de radio, del tipo FRB, procedente de un magnetar. Esta es la primera conexión observacional entre magnetares y estallidos rápidos de radio”.

SGR 1935 + 2154, fue descubierto en 2014 cuando los científicos lo vieron emitir poderosas ráfagas de rayos gamma y rayos X a intervalos aleatorios. Después, y tras un periodo de calma, la estrella muerta volvió a despertar emitiendo una poderosa explosión de rayos X a finales de Abril. Mereghetti y sus colegas detectaron ese estallido el día 27 de abril con el satélite Integral de la Agencia Espacial Europea (ESA), especialmente diseñado para captar los fenómenos más energéticos y violentos del Universo.

Pero al día siguiente, el telescopio canadiense CHIME detectó en el mismo sitio una señal sin precedentes, tan poderosa que el sistema ni siquiera consiguió cuantificarla. La detección fue reportada de inmediato en The Astronomers Telegram, un sitio web en el que muchos astrónomos de todo el mundo informan de sus hallazgos. Otros equipos de astrónomos también detectaron la potentísima señal, entre ellos el de STARE2, un proyecto diseñado en el Caltech específicamente para tratar de detectar FRBs locales, algo que hasta ahora nunca se había conseguido.

Nunca hasta ese momento se habían detectado dos ráfagas prácticamente simultáneas de ondas de radio y rayos X en un magnetar, lo que llevó a los investigadores a considerar a estos remanentes estelares como posibles fuentes de FRBs. Ahora, esa idea parece confirmarse y todo hace pensar que el misterio de las ráfagas rápidas de radio está cerca de resolverse. Parece que, una vez más, los extraterrestres tendrán que esperar…

/psg