En el actual debate sobre la disminución de la jornada de trabajo en Chile, Sebastián Edwards podría considerarse “un padre” de la propuesta de las 40 horas semanales. La puso sobre la mesa en una columna de La Tercera en enero de 2014, como una señal de modernidad. Desde esa óptica analiza ahora el proyecto de la diputada Camila Vallejo, del que toma total distancia, y la respuesta del gobierno.

Hace 5 años usted propuso al gobierno de Michelle Bachelet reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. ¿En qué se basaba esa idea y mantiene su validez hoy?

-Es una idea muy simple: si queremos movernos hacia el desarrollo tenemos que tener políticas similares a las de países desarrollados. Ello significa un mercado laboral muchísimo más flexible y maleable, que además tenga un número de horas “obligatorias” en línea con la OCDE, vale decir en torno a 40 horas. Pero, como dije con claridad en esa oportunidad, la flexibilización y la modernización laboral son una precondición absoluta. Solo de esa manera se aumenta la productividad. Además, sugerí reducir los feriados para compensar parcialmente la reducción de horas. Yo eliminaría prácticamente todos los feriados religiosos. Algunas fechas con las que podríamos empezar: San Pedro y San Pablo, Virgen del Carmen, Asunción de la Virgen, Inmaculada Concepción.

Desde esa perspectiva, ¿está de acuerdo con el proyecto impulsado por la diputada PC Camila Vallejo, que apunta a disminuir a 40 horas la jornada?

-Tengo serios desacuerdos con la diputada Vallejo. Ella tiene buenas intenciones, pero un desconocimiento de cómo funcionan las economías. Si se implementa la propuesta del PC no cabe duda que pasará lo siguiente, en forma simultánea: caerá el producto, aumentará el desempleo, la informalidad y se acelerará el reemplazo de personas por robots inteligentes.

El gobierno ha calificado de inconstitucional el proyecto de la diputada Vallejo…

-Tratar de frenar esta iniciativa, u otras similares, alegando inconstitucionalidad, es una mala estrategia. Lo correcto es comunicar las iniciativas en forma clara, transparente y persuasiva. En el área de comunicaciones el gobierno ha estado, en general, bastante mal.

Usted reconoce que reducir la jornada puede tener un efecto negativo en la producción. ¿Cuánto puede ser ese impacto? ¿Hay estudios?

-Uno de los aspectos más preocupantes de toda esta discusión es que ambos lados están improvisando. No hay estudios de ningún tipo, ni en un sector ni por el otro. Hace unos meses yo le planteé a altos funcionarios del Ministerio del Trabajo que lo más posible era que este tema surgiera durante el debate parlamentario. Les sugerí que se prepararan con estudios serios y profundos, pero nada de eso se hizo. Del mismo modo, la diputada Vallejo vuelve sobre un tema antiguo, pero no aporta datos o información técnica. Ha tenido años para prepararse, pero no lo ha hecho.

¿Qué le parece entonces que el gobierno haya modificado su proyecto de flexibilidad laboral, estableciendo ahora una rebaja obligatoria de la jornada de 45 horas tope a 41 horas promedio semanal?

-Me parece muy positivo; es algo que hay que valorar. En política siempre es bueno estar dispuesto a encontrar al otro lado a mitad de camino. Pero insisto que es muy importante no improvisar. El impacto de una menor semana laboral es diferente en diferentes industrias y sectores. Por ejemplo, es muy distinto para una compañía de transportes que para las grandes tiendas, o para la construcción. Cada sector reaccionará a su manera.

El gobierno dice que su proyecto tiene reducción de jornada y flexibilidad, además de implementarlo con gradualidad, por lo que desde ese punto de vista es mucho mejor que el de Vallejo. ¿Está de acuerdo?

-La iniciativa del gobierno es claramente superior a la de Camila Vallejo. El efecto inicial de una menor jornada es que encarece los costos laborales. La única manera de contrarrestar esto es con mejoras de productividad. Esto significa que hay que hacer más eficientes los procesos productivos, lo que casi siempre requiere reorganizar las tareas asignadas a cada operario. En ese sentido, la flexibilidad laboral es esencial para que estas modificaciones productivas se generen.

De hecho, en el empresariado hay preocupación por el impacto en los costos, justo en medio de un cuadro de desaceleración.

-Es una preocupación totalmente justificable y atendible. Lo que nadie ha dicho es que la propuesta de Vallejo tendería a aumentar las horas extraordinarias en muchas industrias. Tomemos un ejemplo simple: un emprendimiento turístico, donde un pequeño hotel tiene que tener a una persona permanentemente en la recepción. En la actualidad hay tres personas que trabajan por turnos. ¿Cómo se enfrenta la reforma en este caso? Lo más simple es mantener a los tres empleados y pagarles 5 horas extraordinarias por semana. Esto significa un aumento de costos del 16,6%, lo que no es nada de trivial. Tanto así, que perfectamente puede resultar en la quiebra del emprendimiento.

¿Una medida de este tipo ayuda a mejorar la productividad de los trabajadores chilenos, o podría empeorarla?

-En Chile hay una resistencia transversal a aceptarlo, pero la verdad es esta: el trabajador chileno es definitivamente poco productivo. Cuando Nelson Pizarro dijo esto sobre la industria del cobre y la comparó con la peruana, le cayeron encima como jaurías. Nuestra cultura del “cafecito” y la conversa, y sacar la vuelta, conspira con la aspiración de avanzar hacia el desarrollo. Es un tema sobre el que he hablado desde hace un par de años. Nos falta valorar y adoptar los “valores burgueses”: ser hacendosos y puntuales, trabajar duro y ser productivos, dejar de lado los fines de semana con puente y los almuerzos de dos horas.

Al respecto, Ricardo Caballero se mostró contrario a la idea de reducir la jornada, advirtiendo que “en Chile queremos trabajar como franceses y crecer como asiáticos” y que “puede tener un costo enorme”. ¿Está equivocado o tiene un punto?

-Ricardo Caballero es un buen economista y casi nunca se equivoca. Tenemos un problema cultural que él ilustra en forma muy gráfica: franceses vs. asiáticos. Yo lo he dicho de otra manera: en Chile hemos ido cayendo en prácticamente todos los ránkings internacionales y casi nadie está dispuesto a hacer ningún esfuerzo para detener esta caída. Al contrario, aparecen ideas malas, atajos fáciles y populistas como las 40 horas sin modernización y flexibilización del mercado laboral.

/Entrevista de Olga Bustamante para La Tercera

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