Maltratos, golpes y quemaduras habrían sido parte de los últimos meses de vida del menor de dos años que falleció la semana pasada en el SAPU de Zapadores, Recoleta.

Su caso llegó a la PDI el mismo día de su muerte, el pasado 9 de agosto, luego que el Ministerio Público encargara a personal de la Brigada de Homicidios (BH) esclarecer las circunstancias del deceso.

De acuerdo a lo informado, el menor fue llevado al recinto médico por su madre, Fernanda Ortiz Rodríguez (22), y la pareja de esta, Diego Astorga Mejías (22), luego que el pequeño no reaccionara.

“Los oficiales observaron que el menor presentaba diversas lesiones externas”, explicó el comisario de la BH, Orlando Calderón, precisando que estas eran de larga y reciente data.

Sin embargo, añadió, el examen en el lugar no permitía establecer la causa probable de muerte, por lo que se requirió un examen de autopsia que revelara las heridas internas. Los resultados llegaron ayer y, según señalaron fuentes de este medio, impactaron a los mismos investigadores.

“Hay lesiones que son traumáticas en la zona abdominal, torácicas y otras craneales. El menor fue golpeado en reiteradas oportunidades (…) Es una muerte bastante traumática y que se prolonga por un lapso de varios días”, acotó Calderón.

Hoy, la BH detuvo a ambos por su responsabilidad en el caso.

La confesión de la madre

La relación entre Ortiz y Astorga se consolidó en abril, mes en que la mujer se separó del padre biológico del menor y comenzó a vivir con su actual pareja en un domicilio de Conchalí.

Era ella, señalaron fuentes de este medio, la que trabajaba, mientras que él quedaba a cargo del menor cuando no se encontraba en un jardín infantil. Fue así como el 9 de agosto Ortiz volvió a la casa y vio que su conviviente intentaba salir con el menor en brazos ya que este no reaccionaba.

En una primera declaración, la madre se responsabilizó de las lesiones visibles. Dijo que las quemaduras que quedaron en el cuerpo de su hijo se debían a que, en una oportunidad, se le dio vuelta una taza de té. La autopsia, sin embargo, terminó por determinar que estas fueron provocadas directamente con “un agente de calor directo”.

Ya en su segundo testimonio, Ortiz cambió la versión y culpó a su pareja: “Ella termina confesando, contando y detallando la manera en que menor sufría golpes por parte su actual pareja al interior de hogar en diferentes horarios, circunstancias y días previos a su muerte”.

La mujer, acotó el comisario, reconoció haber agredido a su hijo, nunca al nivel de Astorga, y aseguró que no lo denunció por temor: “Ella efectivamente reconoce que golpeó al menor de una manera correctiva, no de la manera tan violenta que ella le atribuye a su pareja”.

Y agregó: “Al efectuar una indagatoria de por qué no denunciaba y se mantuvo callada frente esta situación de violencia, ella señala que le tenía mucho miedo (…) aludiendo tener vida violenta y temor respecto de lo que él podría hacerle conforme lo que veía que le hacía a su hijo”.

La imputada reconoció además haberle mentido al padre del menor sobre las heridas que iban dejando marca en el cuerpo de su hijo: le decía que este se golpeaba con compañeros de jardín.

Ambos sujetos quedaron a disposición de tribunales.

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