El terremoto argentino no pudo llegar en peor momento para el gobierno de Sebastián Piñera. Después de una semana sombría producto de los efectos de la guerra comercial y las derivadas polémicas del debate sobre las 40 o 41 horas, el panorama al otro lado de la cordillera aumentó la incertidumbre. Del “duermo tranquilo” del ministro Felipe Larraín, se pasó ahora al se hará “todo lo posible” para crecer un 3% . En el mercado nadie pone fichas a esa meta -estará más cerca del 2,5%, aseguran- más aún después de que el escenario transandino pasó de nublado a tormentoso. La consigna en palacio es bajar las expectativas. Pero lo cierto es que al margen de las previsiones hasta hace poco demasiado optimista del ministro de Hacienda, hay otros temas que comenzaron a rondar en el ambiente económico y en sectores afines al oficialismo que profundizan los temores. Lo sucedido con el caso de las 40 horas fue sintomático, dicen, no hay que dejarse llevar por las pulsiones populistas. Incluso el presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín, en una reveladora entrevista de Patricio Poblete afirma: “Algunas respuestas del proceso político se acercan al populismo”.

 La falta de rigor técnico es peligroso, advierte, por ejemplo, Sylvia Eyzaguirre, en su columna del domingo pasado en la remozada edición de La Tercera, recordando las críticas que el actual oficialismo le hizo al gobierno anterior. “Quien podría adivinar que hoy sea este gobierno el que peca de la falta de rigor, superando incluso al gobierno anterior” , escribe. Y todo eso, por el apresuramiento para presentar un proyecto de 41 horas semanales con flexibilidad, que salió a contener el atractivo que para algunos en el oficialismo comenzó a despertar el proyecto de Camila Vallejo, después de que una encuesta mostrara el masivo apoyo que concitaba la idea (75%) . “Para tomar una decisión responsable en esta materia resulta fundamental saber cómo afectará al mercado laboral y la producción. De lo contrario, ¿por qué no reducir a 35 horas la jornada semanal?”, agregó la investigadora del CEP. Y tomando en parte ese mismo argumento Max Colodro citó incluso el libro de Daron Acemoglu y James A. Robinson Por qué fracasan los países, lo que ya es preocupante. Pero más lo es su conclusión: “En él se plantea una interrogante a la que nuestro país está haciendo grandes esfuerzos por responder”. Es de esperar que no lo hagamos.

 El debate por las 40 horas ha terminado copando la agenda -en eso, que duda cabe, Camila Vallejo, acertó. El problema son las consecuencias. Y sobre eso reflexiona también Oscar Guillermo Garretón el lunes pasado. “Demasiado efecto desconocido para tan eufórico carrete legislativo. Quizá, a quienes legislan eso poco les afecta. Total, si las consecuencias son malas, les sale gratis; y hasta réditos puede darles aprobarlo. Pero ¿qué le ocurrirá a trabajadores y desempleados? Nadie lo sabe. ¿Es mucho pedir que legislen pensando en ellos y no solo en sí mismos?”, escribe Garretón. No hacerlo podría llevar a hacer realidad lo que escribe Gonzalo Cordero sobre ese mismo tema, que la vida “es una competencia constante entre nuestro yo presente y nuestro yo futuro” y “que los placeres que se da el primero los paga el segundo en sacrificios”. Y advierte del riesgo de gobernar demasiado preocupado de las encuestas: “A veces para ganar de verdad hay que pagar el precio de perder en la encuesta del lunes”. Un punto, este último, sobre lo cual también profundizó un comentado editorial de la nueva edición de domingo de La Tercera que planteó que “al actuar según la lógica de las encuestas e improvisar, el gobierno se aleja del objetivo de brindar confianza para reorientar al país hacia el crecimiento”.

 Y siguiendo con la economía, Jorge Navarrete apunta al gobierno con un título sugerente  De Plegarias y Pecados. Evocando el llamado a rezar del ministro Larraín para solucionar la guerra comercial,  llama al gobierno a confesar todos sus pecados. El primero, según Navarrete, “la irresponsable generación de expectativas hacia una gran mayoría de los ciudadanos”. Y agrega: “Cuando las bolsas del mundo han rentado un 11% y en Chile han perdido más del 6%, es evidente que aquí estamos haciendo algo muy mal. Y ya no es culpa del gobierno anterior”

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